sábado, 2 de enero de 2016

El mismo calzado, otros caminos (2016 allá iré)




(c) Spinoza AC


Comenzamos la andadura de un nuevo año, y con él las esperanzas renovadas por recorrer nuevos caminos, descubrir mundo y crecer en el viaje. El viaje de la vida que nos lleva de aquí para allá, sutilmente, rompiendo con los planes trazados, sorprendiéndonos o sumergiéndonos en un mar de lágrimas.

La vida continua y con ella estos 364 días que quedan por estrenar.
Nuevos y viejos propósitos se unen con la ilusión de alcanzar deseos. Deseos que tienen un coste, una organización y una meta. 
No suelo plasmar en un papel esos deseos, están simplemente en mi cabeza pero creo que este año comenzaré a escribir mi lista de lo que anhelo y no serán muchas cosas, pero las suficientes como para seguir creciendo y aprendiendo.

No puedo cambiar "el mundo" pero si "mi mundo" por tanto trabajaré principalmente en ello, y luego habrá que afrontar los imprevistos, esos que o bien te sorprenden o bien te dejan sin habla.

Continuaré cultivando la tierra de la amistad, de la cultura, de la creatividad porque es parte de la savia de la vida, de mi vida.

Por tanto, este nuevo ciclo que se inicia habrá que ponerse en movimiento, disfrutar de la vida, y de lo bello que es vivir.

Fin de Año 2015


Dentro de unas horas empezaremos una nueva andadura, o al menos, la ilusión de comenzar un nuevo año con esperanzas renovadas. La vida es como es, y a veces nuestras decisiones nos llevan por caminos difíciles pero siempre podemos cambiar de ruta y llevar la mochila personal con lo que que realmente importa.  En nuestras manos está el no repetir historias, el cambiar el rumbo de historias repetidas, mal contadas o vividas. Nadie, absolutamente nadie tiene ningún derecho de hacernos padecer nada, somos libres de elegir quién entra y quién debe salir de nuestras vidas por las circunstancias que sean.
Este año que se va ha supuesto una gran pérdida con la muerte de mi hermano, pero la vida y la muerte van de la mano, una precede a la otra o viceversa. Sin embargo, su ida a ayudado a unir otros lazos que estaban ahí pero no eran lo fuertes que debieran. Yo soy una agradecida a la vida, por todo lo que tengo, sobre todo por el amor de los míos, por el amor que siento por los que quiero y por los que me quieren.
Como bien me dijeron soy un espíritu libre, amo la libertad y eso es lo que hace que pueda seguir creciendo como persona, como mujer, como madre, como abuela, como cuidadora. Doy las gracias a todos los que de una manera u otra han colaborado con mi crecimiento personal, bien sea en persona, bien sea a través de este medio, y también a todos los que me desearon una feliz navidad a través del whatsapp. Sabéis que os llevo en el corazón.
 Luchar cada nuevo día por vuestros sueños, que el que lucha por superarse al final consigue sus propósitos.
Y proteged a los niños, ellos son el futuro, y tienen derecho a vivir en paz, amor y no ser utilizados bajo ningún concepto.
Les deseo a todos un ¡Feliz Año Nuevo!, ¡a todos! familiares, amigos facebookianos y unedianos.

martes, 15 de septiembre de 2015

Recuerdos








Hay situaciones que te retraen a un tiempo pasado en el cual has vivido momentos increíbles. Conservo en mi baúl de los recuerdos (físico) dibujos, mensajes y notas de alumnos que tuve como profesora de español (DELE) en Alemania. Hoy muchos de esos niños serán adolescentes, otros padres, muchos abuelos y otros tantos profesionales en el área de su competencia. 

Al escribir esto se me nubla la vista por los recuerdos tan lindos que tengo de aquella época y que perduran en el corazón. 
Mi memoria de pez no recuerda nombres pero mi memoria de elefante recuerda a todos aquellos que de una manera u otra me ayudaron y me guiaron, así como guardo en el corazón abrazos, sonrisas y lágrimas de agradecimiento. Ayer volví a las aulas, ayer volví a sentir esa pasión por la enseñanza, ayer renací de mis cenizas y hoy me emociono de pasado y presente. ¡Buenos días!

sábado, 27 de junio de 2015

Vieja recalcitrante

Me estoy convirtiendo en una vieja recalcitrante, a más años peor.

Ir al cine y que coincida un grupo de adolescentes detrás de uno, es decir, en la última fila puede convertirse en una pesadilla. Van de acá para allá, hablan en voz alta, utilizan el móvil (bueno, esto no es sólo de los adolescentes, muchos adultos también lo hacen), cargan con súper paquetes de palomitas que se tiran unos a otros y caen sobre tu cabeza.

Por no decir, de un mocoso ordinario llamado Pablo que cada dos por tres se tiraba “pedos” y todos festejándole la gracia.

Me tuve que dar vuelta y decirles que por favor se callaran y que dejaran de tirarme palomitas, pararon, lo que tardé en volverme. En la sala había dos grupos de estos adolescentes, y cual animales se comunicaban con el otro que estaba en la otra punta con silbidos. 
De los adultos que había allí, ninguno, pero ninguno dijo nada de nada.

Seguramente como voy dos veces al año al cine esta evolución “involución de comportamiento social” me pilla de sorpresa y es lo habitual en una sala de cine.

Cuando terminó la película, salieron como animales salvajes, escaleras abajo, corriendo y chillando, comportamiento que como digo, quizás sea el habitual de un tiempo a esta parte.

La sala tiene moquetas y asientos oscuros, las palomitas estaban desparramadas en el suelo, en las butacas y en todo aquello que las hubiera contenido de su vuelo, un chiquero en toda regla.

Si lugar a dudas, pensar que la educación brilla por su ausencia es característica indudable de me estoy convirtiendo en una vieja recalcitrante.

De la película... ya ni me acuerdo.




sábado, 28 de marzo de 2015

¿Cómo crecer?


© Spinoza AC


Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.

El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino.

Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque 

no podía florecer como la Rosa.

La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble. 

Entonces encontró una planta, una fresia, floreciendo y más fresca que nunca.

El rey preguntó:

¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?

No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresias. Si hubieras 

querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. 

En aquel momento me dije: "Intentaré ser Fresia de la mejor manera que pueda".

Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mirate a vos mismo.

No hay posibilidad de que seas otra persona.


Podes disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por vos, o podes marchitarte en tu propia 

condena...

Un cuento de Jorge Bucay.

jueves, 19 de febrero de 2015

"Coffe to Go" Villeroy & Boch






© Spinoza AC


Hace unas semanas me regalé el vaso de “Coffee to Go” de cerámica de Villeroy & Boch. A simple vista me encantó el producto. La cerámica es muy fina, el diseño muy elegante y mi solución para mantener el café caliente.

La caja que contiene el producto trae una funda que a simple vista no sabes para qué es ya que en la publicidad se ve a la modelo con el vaso directamente en la mano. La tapa tiene una unión de silicona negra que logra un cierre hermético y si se cayese no se desparramaría el líquido como en el caso de una taza.

Hasta aquí todo perfecto, genial como en toda teoría.

A la hora de la práctica la realidad es muy diferente. 

Previo lavado y secado del vaso, cuando se pone el café, la cerámica se calienta de tal manera que es imposible sostenerlo con las manos porque te las quemas (literalmente) y ni qué decir si se hace un té.
Para evitarlo está esa funda maravillosa que revienta el diseño y la elegancia del vaso. 
Cada vez que lo dejas en la mesa se resbala y hay que volver a ponerla en su sitio y el color es tan delicado que a la mínima se mancha.

Luego cuando vas a tomar un sorbo del café o té un sabor/olor desagradable, por no decir asqueroso, te revuelve el estómago. En un primer momento y casi instintivamente se piensa que algo se ha hecho mal, sin embargo, ese sabor/olor lo produce la silicona en contacto con el calor por un lado y con el líquido por el otro.

Pensé que se debía al primer uso, pero no, la realidad es que ese olor/sabor no se va ni siquiera en el cuarto intento ni transcurridos varios días entre cada uno de ellos.


Este producto de Villeroy y Boch deja mucho que decir, envié un email preguntando si ese olor/sabor se iba o era un fallo de la silicona y aún estoy esperando respuesta.











http://www.produkttestergesucht.de/gratisproben-bestellen/villeroy-boch-coffee-to-go-becher.html
http://www.villeroy-boch.es/shop/novedades/coffee-to-go.html

sábado, 7 de febrero de 2015

La niña y yo

© Spinoza AC


Primero la vi a ella con su padre. Luego se acercaron su madre y hermano. Les cedió su asiento otra pasajera y se sentaron todos juntos.

Íbamos sentadas en filas distintas y en direcciones opuestas, en diagonal. Yo estaba en la misma dirección del recorrido del tren y ella en la dirección contraria, sin embargo nos podíamos ver directamente porque el campo visual no estaba ocupado y porque no había muchos pasajeros a esa hora.

Ella iba en el asiento de la ventana. La diferencia de edad entre ambos no sabría a ciencia cierta decirla pero más de diez años seguro. Los años que tendría ella. Su padre llevaba un sombrero negro y una chaqueta de cuero del mismo color. Su madre iba en la gama de los marrones.

Yo iba sola, sentada en la ventanilla también.

En la parada del aeropuerto subieron unas cuantas personas, extranjeras, turistas.
Uno de los pasajeros se sentó enfrente mío, pero en el asiento contrario. Disimuladamente fumaba su cigarrillo electrónico, una calada, miraba aquí y allá, una segunda y una tercera.
De pronto se levantó y se sentó a mi lado dándome la espalda.

En ese espacio del vagón, habían dos chicos más, ambos concentrados en sus respectivos móviles.

Hablaban a voces, quizás por el ruido del tren necesitaban hacerlo o quizás por esas copas de más que traían en el cuerpo y que se reflejaban en la lengua trabada al hablar y en unos ojos desencajados y rojos. Hablaban inglés.
Alguien contó algo y retumbó sobre el sonido del tren la carcajada de mi acompañante y la risa de los otros, nos asustamos. 

Pude ver a la niña que se había sobresaltado igual que yo y en esa distancia de pasillos, pero en esa cercanía visual nos sonreímos. Su mirada coincidió con la mía, quizás porque ambas reaccionamos igual, quizás porque su susto y el mío se reflejaron al unísono. Su sonrisa preciosa, leve, sin aspavientos, con sus ojos iluminados por estar viviendo un momento distinto al que se estaba produciendo en su entorno. Éramos cómplices del susto y eso nos gustó.

Nuestro destino era el mismo, antes de bajar, me puse la chaqueta, arreglé mis cosas, me levanté. Le sonreí y la saludé con la mano, me devolvió la sonrisa y el saludo. Su hermano y madre se dieron cuenta de nuestra complicidad, y pude escuchar por encima del hombro cómo le llamaban la atención y le recriminaban saludar a una desconocida. 

No entiendo el francés, pero para algunas cosas las traducciones son innecesarias.