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domingo, 5 de junio de 2016

Doroteo Fernández, un vallisoletano en Argentina






En un puesto callejero de cosas de segunda mano y antigüedades me llamó la atención un cédula de identidad, fotos y otros documentos.
Debido al precio que pedía el vendedor al ver mi interés me quedé con la cédula de identidad con la intención de escribir al respecto. De esto ha pasado ya un año largo y fue en Buenos Aires, Argentina.

Hoy quiero hablar de Doroteo Fernández, nacido el 6 de febrero de 1882 en Valladolid, España.
En el año 1936 se hizo su primera cédula de identidad en la República Argentina, y la que obra en mi poder es un duplicado realizado el 14 de septiembre de 1954.
Don Doroteo no sabía leer ni escribir, y en el lugar que le corresponde la firma tiene escrito: “Analfabeto”, la impresión de su pulgar derecho y una fotografía.

En Argentina por aquella época la inmigración era frecuente y el primer lugar lo ocuparon italianos y en segundo, españoles. Las historias que oíamos a nuestros mayores sobre la forma de viajar para salir de la hambruna que estaban viviendo en España eran espeluznantes.
Padres que enviaban a sus hijas en grandes barcos, hacinados, un atado con las cosas básicas, desde la más pequeña a la mayor, y de tres sólo llegaron dos porque la del medio debido a las condiciones del viaje enfermó hasta la muerte y el mar fue su lugar de descanso eterno junto con tantos otros que no resistieron la travesía.

        Llegaban con lo puesto para trabajar, las mujeres de sirvientas en casas de los señoritos de la época y los hombres al campo. Trabajaban y ahorraban para comprarse el terreno y hacerse la casa.
Luego se reunían en asociaciones en las que los “gallegos” se conocían, se casaban y formaban su propia familia. Él andaluz, ella valenciana; y todas las combinaciones posibles entre las distintas comunidades, sin embargo, para todos nosotros eran “gallegos” y “tanos”.

         Doroteo Fernández ha sido uno de los tantos inmigrantes que seguramente con su esfuerzo, con su trabajo, con su vida aportó su granito de arena para engrandecer  la tierra que le acogió y en ella, en algún lugar, sus restos estarán. ¿Habrá tenido hijos?, vaya uno a saber.

         Simplemente he recuperado un nombre, un apellido y con él quisiera homenajear a 
todos aquellos que de una manera u otra han salido de su país, y han asumido como propio el país que los acogió sin olvidar sus raíces. 

jueves, 1 de enero de 2015

De paso... por la vida.


      
© Spinoza AC

 ¡Feliz año nuevo para todos! y no olvidemos que en esta vida estamos de paso.

"No somos lo que hacemos ni lo que pensamos. Tan sólo somos la huella que dejamos."
MJ. Bustelo




lunes, 8 de diciembre de 2014

Nueve años sin vernos, mis recuerdos hoy.


                                                                                                                    © Spinoza AC


La importancia de los amigos en la vida de las personas es tan vital que no nos damos cuenta de ello hasta que nos reencontramos a pesar del tiempo y ese lazo de unión sigue intacto, esa comunicación se mantiene y las adolescentes que fuimos se funden con la mujeres que somos hoy.
Nos conocimos en la secundaria, se sentaba contra la pared debajo de la ventana, su cabello rizado se iluminaba con los rayos de sol, por aquella época tenía dos “costumbres” que me sacaban de quicio. Por un lado un movimiento permanente con la pierna derecha y por otro, que no había hoja de libro o libreta que no tuviera su extremo derecho (si mal no recuerdo) arrugada de tanto darle para arriba y para abajo con la uña. Llevaba unas gafas muy gruesas. No estuvo con nosotros hasta final del curso, sino que al finalizar tercero creo se cambió de instituto.

No puedo recordar bien cómo empezamos nuestra amistad, pero si recuerdo de verla pasar caminando en dirección a su casa que quedaba por el mismo camino que la mía. Por aquella época caminábamos mucho, o teníamos BICICLETA. 

La bici nos daba alas, íbamos de aquí para allá, recorríamos cada recoveco de nuestra zona,  y su casa de la mía quedaba a unas ocho cuadras, más o menos, no importaba la hora ni el día, me subía a la bici y la iba a buscar. Me emociono de recordarlo. Las calles eran de tierra, unos pozos y unas huellas dejadas por los coches impresionantes, éramos unas artistas en esquivarlos.
Cuando llegaba a su casa llegaba muerta de sed, no eran suficiente ni un vaso ni dos de agua, por eso la madre siempre me decía: “te voy a poner la manguera a vos”. En su casa había un olor muy especial, el olor del oficio de su padre que era pescadero, ese olor a día de hoy si volviese a encontrarlo me remitiría directamente a la casa de mi querida amiga. Su madre era una dulce, y el padre un tano de esos que siempre estaban refunfuñando, y sé que en el fondo me quería. 

Íbamos a hacer gimnasia correctiva, no por mi sino por ella, pero yo también me apuntaba la cuestión era estar juntas, aunque en más de una oportunidad me aburría y me iba a pasear por el piso de deportes hasta que ella terminaba y luego nos íbamos juntas hablando hasta por los codos.
Ella es ritmo, es flexibilidad, es arte y coordina a la perfección la música con el movimiento de su cuerpo a diferencia mía que soy una madera. Fue seleccionada para pertenecer a la Guardia del Mar y yo la admiraba, por aquella época practicaba los bailes y me los enseñaba, estaba guapísima en su uniforme. 

Para sus 15 años su regalo fueron las lentes de contacto, toda una  novedad por aquella época, duras como una piedra, no las flexibles que hay hoy, y un lujo. Un día me comentó que estando en un museo con un grupo de personas se le cayó una y gritó a viva voz: “¡Qué nadie se mueva, se me ha caído un ojo! y se puso a gatear buscando su lentilla hasta que la encontró. Nos hemos reído hasta las lágrimas con sus anécdotas.

La vida fue dura con ella en distintas oportunidades, la vi poner manos a la obra en lo que fuera para sacar adelante a su familia, la vi luchar contra la adversidad, pasarlo realmente mal y a pesar de tener un orgullo de narices tuvo que metérselo en el bolsillo para poder salir a flote con el padre de sus hijas. A una de ellas la vi nacer, toda una experiencia. 

La vida nos llevó por distintos caminos, nos hizo coincidir en otros pero a día de hoy nuestra amistad nos sigue fortaleciendo y fundirnos en un abrazo cada vez que nos reencontramos es uno de mis tesoros más preciados. Te requiero mi querida Adriana Ramundo.


viernes, 24 de octubre de 2014

Nueve años sin vernos, nuestro primer encuentro.









A veces puede parecer que vamos por caminos opuestos, otros son paralelos y sí la vida tiene esas contrariedades. Sin embargo, hay un punto en el que nuestros caminos se cruzan, somos jóvenes y nos une un día a día bajo el mismo techo, o un pupitre o una tarea. 

No podemos congeniar con todos nuestros compañeros de escuela, ni de la primaria ni de la secundaria, ni podemos ser amigos de todos, no nos engañemos. Es cierto que hay amistades que se unen por lazos, algunos más finos que otros. Unos se desgastan, otros se afianzan con mucho esfuerzo, otros se fortalecen y otros simplemente nunca llegan a existir, así de claro es.

Personalmente he sido una persona complicada, mi sed de libertad y aventuras no era compartida, de hecho creo que en más de una oportunidad me he sentido como sapo de otro pozo. No es que ahora, con la edad, haya cambiado mucho. No, sigo igual con la misma sed, tanto de libertad como de aventuras, de disfrutar de la vida. Sin estos dos ingredientes no sería quién soy. Si bien la vida se ha encargado de ponerme algunos frenos no puedo evitar salirme por la tangente. 

Pero a lo que iba, nueve años sin vernos y la sensación de haber tomado un café ayer, de no existir ni tiempo ni distancia. Un abrazo fuerte, de esos que te funden con el otro, que te mueven cada una de las fibras de tu cuerpo, y esas lágrimas que brotan de la emoción, de alegría por volver a encontrarnos.


Hoy nuestra amistad sigue viva, somos distintas, soy distinta, sin embargo existe una afinidad invisible que nos une, una afinidad que a pesar del tiempo y la distancia hace que cada encuentro sea ayer, y que mañana sea hoy. 

¡Gracias por estar Peki querida! 

Continuará ...

sábado, 4 de octubre de 2014

Lugares con historia


Hay lugares con historia. Historia por el paso del tiempo, historia concentrada en cada elemento que compone ese lugar e historias que han escuchado con el paso del tiempo cada uno de esos elementos. 

Un lugar que si hablara no tendría tiempo suficiente para narrar sus vivencias. Un lugar en el que hay que ser "valiente" para entrar. No es fácil verse el alma en el espejo.

Ese ha sido mi lugar, un lugar en el que me he enfrentado a mi misma, a los otros, a la vida. Un lugar que me ha permitido sobrevivir a las tempestades que se han cruzado en mi camino y que en cierta forma me han robustecido para las que vendrán. 

Verdad es que la vida nos depara muchas sorpresas y algunas son tan puñeteras que no hay lugar que pueda contener tantas emociones contradictorias o se está tan lejos que no queda más remedio que asumir que la vida es como es y que hay que tirar para adelante como mejor se pueda. 

Hoy extraño mi lugar.






domingo, 20 de julio de 2014

Enhebrando la aguja, hilvanando recuerdos

© Spinoza AC


Después de muchos años he vuelto a poner manos a la costura. Sin darme cuenta y a medida que iba hilvanando las partes de lo que se convertirá en un pantalón, mi mente se activó con recuerdos del pasado. Recuerdos de cuando mi abuela me pedía que le enhebrara la aguja porque su vista cansada ya no veía, sin embargo no dejaba de remendar los siete de aquellos pantalones enganchados en cualquier lugar, o poner parches en las rodillas en los mismos para que durasen un tiempo más, o buscar en el costurero (una antigua lata de galletas) un botón similar que le faltaba a una camisa.

Luego con el transcurso del tiempo fue mi madre, la que también me pedía lo mismo. Cuántas veces la he visto reparando los agujeros que se hacían en las medias, o cosiéndose para ella faldas o pantalones, o levantando el ruedo de pantalones (con su costurero de lata de galletas).

Yo también aprendí a coser, de esto hace muchísimos años atrás.  Mi primer trabajo fue una vestido, luego vendría una falda, una camisa, y la emoción de ser creadora de mis propias prendas de vestir. Desde luego que no iba para costurera, pero fue una época muy divertida. Con el transcurso del tiempo cosí vestidos y pantalones, a mis hijos, qué ilusión verlos vestidos con mis creaciones.

Efectivamente, eran otras épocas. Épocas en que comprar hecho era muy caro, y ponerse manos a la obra ayudaba a la economía familiar.

Y el tiempo siguió su curso, cruzamos el charco y lo que aprendí me sirvió para ganarme la vida en la vieja Europa.

Hoy al intentar enhebrar la aguja tomé conciencia del inexorable paso del tiempo y de que también necesito ayuda. Hoy soy abuela y mi vista también está cansada.


viernes, 11 de julio de 2014

Cuento Sufí: La mujer perfecta



Nasrudin conversaba con un amigo.

- Entonces, ¿nunca pensaste en casarte?

- Sí pensé - respondió Nasrudin-.

En mi juventud resolví buscar a la mujer perfecta. Crucé el desierto, llegué a Damasco y conocí a una mujer muy espiritual y linda, pero ella no sabía nada de las cosas de este mundo. Continué viajando y fui a Isfahan; allí encontré una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu, pero no era bonita. Entonces resolví ir hasta El Cairo, donde cené en la casa de una moza bonita, religiosa y conocedora de la realidad material. 

- ¿Y por qué no te casaste con ella?

- ¿Ah, compañero mío! lamentablemente ella también quería un hombre perfecto. 


A veces, en la vida es necesario arriesgar, experimentar, aprender, cambiar constantemente. La misma vida es movimiento, cambio, fluidez, dinamismo, flexibilidad...
"La inadaptación a lo imperfecto es lo que mejora al hombre"

viernes, 13 de septiembre de 2013

Recuerdos





Las fotos sociales hacen que de buenas a primeras te encuentres con una época pasada y con personas que en algún momento de tu vida han compartido el mismo camino de la vida. Un camino que tiene tantas etapas como bifurcaciones que hacen que tengas que elegir en todo momento a dónde dirigir tus pasos.
Sin embargo, en la etapa en que estás en la escuela primaria o secundaria la convivencia diaria, año tras año, hace que convivas con un grupo de personas de tu misma edad y con inquietudes similares o muy diferentes. En esos años la amistad verdadera surge sin más o simplemente no surge nunca, así de simple. Algunas de esas amistades se conservan y otras se van desvaneciendo con la distancia y el tiempo.
De aquella época de estudiantes acabo de ver fotos de dos personas que fueron muy significativas en mi vida. Irma y María Elena. Para ellas esta foto con el corazón, y los ojos húmedos de la emoción.

jueves, 21 de abril de 2011

La amistad, la distancia y las malas noticias

Elsa me enseñó tantas cosas, cosas que aprendió de la experiencia que da la vida y que me transmitió con mucha sabiduría. Cosas que aún hoy forman parte de mi forma de ser y que siempre agradeceré. Hoy está enferma, tiene cáncer y no lo puedo creer. Qué golpe tan bajo he recibido y lo peor de todo es la distancia, esta distancia que nos separa y que no podré superar. Siento un gran dolor en el alma y las lágrimas no me permiten escribir. Mi querida Elsa....

sábado, 26 de marzo de 2011

La vida

Ayer tuve oportunidad de estar unas cuantas horas en un hospital de acompañante. Durante las mismas pude observar el movimiento de personas que llegan y esperan hasta salir de allí con un diagnóstico y la medicación adecuada.
No pude evitar sentir una fuerte opresión en el pecho, quizás porque lo que allí se ve no deja de ser una repetición de algo que ya viví y marcó mi vida, además de otras situaciones que no dejan de ser violentas para quien no está muy acostumbrado a esos ambientes.
Ayer se festejaba la llegada de la primavera con un gran botellón en los alrededores de la universidad, y lo único que han hecho muchos es beber, beber hasta perder todo control, beber hasta llegar al límite de la resistencia del cuerpo. Ni bien llegué dos chicos estaban en camilla, habían tenido un accidente de tráfico, ambos con unas cuantas copas de más, ambos con collarines, ambos con lesiones internas, ambos sobrevivientes de una gran irresponsabilidad. Las ambulancias no dejan de llegar, chicas jovencísimas en coma etílico, padres desesperados buscando a sus hijos...
De pronto una mujer que estaba tumbada en una camilla se levantó gritando, dando golpes a quien se pusiera por delante, quitándose las guías, arrastrándose para salir de allí, no sabría decir en qué idioma hablaba, pero era joven, vestía un camisón de satén marrón chocolate de esos de tirantes, era alta y robusta, sin embargo, sus gritos desgarradores y todo un grupo de personas detrás y delante de ella para controlarla daban escalofríos. En las salas de espera hay un gran contraste, por un lado gente mayor, muy mayor, por otro jóvenes muy jóvenes. Los unos miran a los otros.
Los unos no entienden a los otros. Los unos que empiezan a vivir la vida, los otros que están recorriendo el trayecto final. Los unos y los otros, tan distantes y tan cercanos. Los unos y los otros, y yo.. yo observando en medio de ambos.

miércoles, 5 de enero de 2011

Noche de Reyes

Mientras leo las noticias escucho la radio, más exactamente a Carlos Herrera en la onda. Están participando distintos oyentes que relatan sus recuerdos sobre los Reyes, y no he podido evitar traer mis propios recuerdos a mi memoria.
Mi infancia transcurrió entre la casa de mis tíos y la casa donde trabajaba mi madre como interna. En vacaciones solía estar mucho tiempo con mis primos, y un día de Reyes que lo pasé con ellos, no recuerdo la edad que tendría, me desperté en el mismo momento en que vi a mi tío ponerme un muñequita en los zapatos y fue en ese día en el que descubrí quiénes eran los reyes. Mis primos eran más chicos que yo así que una vez mi tío se dio cuenta me dijo que era un secreto entre los dos y que los más pequeños no deberían saberlo. Luego vinieron mis hijos y se mantuvo la misma tradición. ¡qué tiempos aquellos!

miércoles, 21 de julio de 2010

Las despedidas

No llevo muy bien las despedidas, ni las que duran un corto periodo de tiempo y ni hablar de aquellas que son definitivas. Solemos recorrer caminos juntos, compartimos momentos que son únicos y nos distanciamos porque la vida nos marca otro camino.
No perdemos el contacto, sabemos el uno del otro sin embargo vamos envejeciendo y la vida se nos va escapando entre las manos. Los años, la soledad, la enfermedad se han llevado a mi querida Ana Zoilo. Trabajamos juntas muchos años, era muy meticulosa con su trabajo, lo quería "perfecto" y tenia una letra muy bonita (por aquel entonces los ordenadores no existían), aprendí de ella ese orden y siempre protestaba por algo, por más que hicieramos lo que ella nos decía. Por sus manos pasaban todos los papeles que por aquel entonces habían, y cuando no faltaba una firma, faltaba un código, siempre nos reñia, siempre la escuchábamos rezongar por algo. Mi querida Ana, qué lindos recuerdos tengo de vos, porque a pesar de tus carantoñas nos querías y sé que siempre has estado a mi lado. Te has ido y yo siento un dolor muy profundo en el corazón por tu pérdida.
Allí donde estés, que sepas que te quiero un montón y que una parte de mi se va con vos.

jueves, 15 de abril de 2010

¡50 Años!

He cumplido ya 50 años y de pronto tengo la necesidad de hacer una balance personal de todo este tiempo vivido. De una manera u otra el repaso me lleva a distintos momentos de mi vida. Lo curioso es que prevalecen solamente los bellos, aquellos que me alegran al recordarlos y que dibujan una sonrisa en mi rostro.
No puedo creer que ya tenga cincuenta años vividos, sin embargo así es. Una gran pérdida antes de mi cumpleaños ha sido la muerte de mi tío Efraín. Un hombre bueno y honesto, un hombre que fue el padre que nunca tuve, un hombre que me dio un hogar junto a mis primos, un hombre que me enseño que en la vida se puede vivir siendo honesto y sincero, un hombre que nos dio un amor incondicional y que hoy todos extrañamos.

viernes, 1 de enero de 2010

¡Gracias!

A todos vosotros:
por haber compartido parte de vuestro conocimiento,

por haber colaborado en mi crecimiento personal,

por la amistad incondicional que me habéis brindado,
por haber estado cuando más los he necesitado,

por los abrazos, las risas y las lágrimas compartidas,

por todos esos momentos inolvidables,

por vuestras alegrías que también son las mías,

por aquel tramo del camino recorrido juntos,

por todo lo bueno que nos deja 2009

os deseo un..

¡¡¡FELIZ AÑO 2010!!!

domingo, 20 de septiembre de 2009

Mara



Es el nombre de mi perra. Nació el cinco de marzo. Fue la primera en nacer, chiquitita y negra como un carbón, con manchas marrones en la cabeza y patas. Detrás de ella vinieron otros tres.Dos machitos y una hembrita. Los vi crecer a todos, y luego llegado el momento fueron lléndose a sus nuevos hogares.
Mara quedó en casa con Rubia, su madre, negra como el carbón.
Rubia es la perra de mi hija y Mara era mi perra, nuestra perra.
Su educación costó muchos disgustos propios de una cachorrita hiperactiva. Zapatos, libros, revistas, en fin todo aquello que se podía morder tenía su marca. Era traviesa, juguetona y una gran compañera. Tenía sólo seis meses y sin embargo estaba siempre a mi lado, dormía a mis pies, o entre mis pies si estaba sentada en el ordenador, o en mi regazo, si podía y cabía entre la mesa y mis piernas.
Era tan especial, si tocaba baño, comenzaba por Rubia y ella queriéndose meter con su madre sin problemas, disfrutaba del agua. Si la que me bañaba era yo, se metía dentro del bidet para estar más cerca y esperar a que terminara. Siempre a mi lado. Cuando cocinábamos, se acurrucaba en mis pies o en los de Claudio. Era tan expresiva, que sus gestos nos emocionaban, pues a pesar de sus travesuras terminábamos riéndonos y jugando con ella. Fue mi compañera de estudios, las horas que pasaba sentada frente al ordenador y en la soledad de la casa, ella era mi distracción. Cuando tocaba hacer una pausa, empezaba a llamarme la atención con ladridos y dándome mordisquitos para que fuéramos a dar un paseo. En el mismo nos encontrábamos con otros perros, de distintos tamaños, razas y colores, pero ella no tenía miedo, simplemente se acercaba a ellos y les saludaba con una alegría desbordante, luego seguía su camino. Rubia y Mara eran muy conocidas en el paseo. Por las noches, ambas dormían en una alfombra que había a mi lado, sin embargo, Mara esperaba a que estuviésemos dormidos para subirse a la cama y dormir panzita arriba y bien estiradita. Era tan chiquita y linda.
Cada vez que regresaba a casa, estaban ambas esperándonos y si mirábamos la tele ella se acomodaba en el regazo de alguno de nosotros.
Durante los paseos solía dejarla sin correa, para que pudiera correr y desahogar tanta energía. En la urbanización solía correr por el césped, Rubia la seguía y jugaban hasta quedar empapadas por el agua que se acumulaba de los riegos. Le daba igual, disfrutaba con esas carreras.
Estaba aprendiendo a andar sin correa, sin embargo en un segundo ese aprendizaje le costó la vida. En un descuido salió corriendo a saludar un perrito que conocía y que se encontraba en la vereda de enfrente. Lo saludó y cuando regresaba un coche la atropelló. Murió en el acto.
Yo no estaba con ella, pero cuando la vi, inerte, sangrando y tirada en la calle, una parte de mi se revolvió ante esa visión. Nada se podía hacer. Claudio la levantó y la llevó a casa, la envolvió y la puso en una caja. La enterramos a la mañana siguiente, cerca del mar. Por todo lo que en este tiempo me dio, por el vacío que nos dejó, y por el amor incondicional que nos brindó la llevaremos siempre en el corazón.
Mara : 05/03/2009-18/09/2009

lunes, 3 de agosto de 2009

Los recuerdos

A medida que pasan los años, a medida que vamos andando nuestro camino nuestra mochila personal e individual se va llenando de recuerdos. Recuerdos que se mezclan, recuerdos desordenados en el tiempo que van ocupando su lugar. Algunos muy lindos y otros menos lindos. A veces, estos recuerdos aparecen en el momento más inesperado como consecuencia de un olor, de un sonido, de una canción o de un video.
En estos momentos escucho a Minguito con Porcel y vuelvo a la niñez, a la inocencia de aquella época en la que nos reíamos con el corazón por el personaje creado por este gran actor. Y hoy pienso en la importancia de personajes como este en la historia personal de cada uno. En fin, cosas que pasan y hoy se recuerdan con añoranza.

miércoles, 15 de julio de 2009

Mi sitio ¿dónde está?

A veces creo que no tengo mi propio sitio,
a veces creo que la vida me hace dar muchas vueltas,
a veces creo que he nacido para no estar,
a veces creo que por más que lo desee,
no tengo un sitio donde permanecer y quedar.

lunes, 6 de abril de 2009

49 años

Hoy es mi cumpleaños y una de las felicitaciones que he recibido ha sido de una queridísima amiga a quién admiro muchísimo, gracias Vic por estar ahí!
Cuarenta y nueve años son muchos, sin embargo con todo lo que me falta por hacer o quiero llegar a ser son pocos.
Durante este tiempo he aprendido y también he tropezado con la misma piedra en más de una oportunidad por cabezona más que por ignorancia.
En este día doy gracias a la vida pues me ha dado mucho, más de lo que realmente podía esperar además de mis sueños personales.
¡GRACIAS A TODOS LOS QUE ESTÁN AHÍ!¡GRACIAS POR VUESTRAS SEÑALES DE FELICITACIONES!

viernes, 26 de diciembre de 2008

Mis señales

Acabo de encontrar una moneda, no es el valor en sí lo que me produce alegría sino el significado personal que tiene el encontrarla. En los momentos más inesperados y desesperados mis señales están ahí para indicarme que voy en el camino correcto, que todo irá bien. Qué difícil es hablar de ello, más cuando se trata de algo tan personal.
Creo en una vida después de la muerte, creo que nuestros muertos queridos están cerca protegiéndonos, velando por nosotros, como si de ángeles de la guarda se tratara.
Si, creo que cuando pueden nos dejan sus señales, en mi caso, las monedas, para guiarnos, para darnos seguridad, para protegernos. En las peores situaciones, en las que pensaba no iba a sobrevivir, en esas que te asfixian, en esas que crees no van a pasar, pues allí estaban mis monedas diciéndome: "todo irá bien".
Cuando mi hijo tuvo el accidente después de verle la primera vez en la UCI y en coma estaba desecha, mi cabeza no paraba de pensar y pensar sin ton ni son, fue un gran shock. Su padre estaba conmigo, fuimos a caminar por un paseo rodeado de árboles y mucha gente que iba y venía, cuando la ví, supe que mi hijo iba a sobrevivir, me arrodillé, dí las gracias y lloré.
Durante ese tiempo llené un cuaderno de hojas blancas y lisas con los avances que había, con las sensaciones y emociones que tenía, con todo aquello que me dolía y no podía exteriorizar. También empecé a pegar las monedas con las fechas y el lugar en que las encontraba. Por ello hoy quiero dar las gracias a mis muertos queridos, a aquellos que como dije nos protegen, nos amparan y nos guian en los instantes más difíciles de nuestras vidas. Mi abuela, mi abuelo,Gunnar, Marta, mi padre, Dr. Starke, la mamá de Adriana, el papá de Mónica, mi queridísima Maria Elena y aquellos que no nombro pero que también están ahí.
Va por ellos mi agradecimiento.