sábado, 22 de marzo de 2014

Viveros



En este tiempo en el que comienza la savia de la plantas a recuperar su fuerza y energía, ir a un vivero es realmente un placer para los sentidos. Los colores y texturas de algunas flores son realmente fascinantes por no decir que sus formas son bellísimas. Azahares, alelíes, geranios, margaritas, ranúnculos, gerberas, gitanillas, camelias, etc., etc. No he podido resistirme, tres nuevas plantas han llegado a casa y serán mis modelos. Aquí una de ellas. 

viernes, 21 de marzo de 2014

Estallido de colores


La primavera ya está aquí. No hemos tenido un invierno crudo, y mucho menos en la Costa del Sol. Prevalecen los amarillos de mimosas, margaritas y otros arbustos, sin embargo también otras flores están en su máxima expresión con sus colores pasteles, azules o lilas. Muchas de estas flores no se ven, son silvestres, pequeñísimas y en algunos casos escasas. Si vais de paseo por zonas rurales o hacéis senderismo las encontrareis. Os dejo un lirio silvestre capturado en una de nuestras salidas, disfrutad de la belleza y no dejéis de cuidar la naturaleza.


domingo, 5 de enero de 2014

Recuerdos de pizarrón.

Foto: Claudia García

Al ver el pizarrón hurgué en el  baúl de los recuerdos. En la memoria tengo momentos inolvidables con él y de algunos de los profesores que me llevaron “al frente”. Algunos de ellos marcaron “amores” de por vida, otros simplemente pasaron sin pena ni gloria. Aquellos que si dejaron huella, es indeleble. 

La primera fotografía metal que recuperé fue de nuestro profesor de literatura y/o lengua, Mónaco. Nos hizo un examen, me descontó un punto por no haber puesto acento/tilde en “había”. Ante su duda, (mi letra era minúscula) me hizo pasar al frente y escribirla, y cometí el mismo error. Nada un punto menos. Luego repetimos y sabía que había escrito todo bien, pero …. esta vez no vio mi acento y por más que le reclamé no me cambió la nota. Creo que por aquella época buscaba la parte artística de nosotros, propuso un concurso de cuentos breves  y María Antonia Artola lo ganó. Amaba los libros, la buena escritura y era un hombre sereno, con una gafas cuadradas y gruesas. 

De él conservo ese amor por la “buena letra”, por los libros y por todo lo que tenga que ver con “viajar en el tren de la palabras”, y sin ninguna duda, por amar nuestra lengua, por intentar escribirla bien y por no dejar de aprender su correcto uso.

Otro de mis amores, han sido los números, ¡ah! ¡qué locura! y Nina Andreu los explicaba de maravilla. Tuvimos una compañera que estuvo de paso y los amaba, para ella eran la perfección, estaba enamorada de ellos y creo que Pitágoras era su dios. Parece contradictorio, letras y números, sin embargo, son dos de mis pasiones. Luego, con los años vino María, una profesora española que al igual que Nina también amaba la enseñanza y los números, claro.

También estaba Lilian Berges, (no estoy muy segura del apellido), profesora de Geografía, de estructura delgada, con el pelo largo y siempre perfecta de los pies a la cabeza. Me encantaba su elegancia y cuando nos contaba de sus viajes por Europa yo soñaba con hacerlos algún día. Lo de la elegancia y sus formas tan delicadas no estaba en mi imitarlas, pero viajar, eso sí quedó arraigado en mi.

Recuerdo un día que teníamos clases de Biología con “La paloma”, apodo con que reconocíamos a nuestra profesora. Ya ni me acuerdo de su nombre. Era maciza, redondeada y maciza. Venía a clases muy elegante, era mayor, con su pelo arreglado de peluquería, y un portafolios. No volaba la mosca en sus clases, le teníamos un respeto o miedo que se notaba en el aire ni bien entraba al aula. 

Me había estado estudiando un tema al dedillo, y nos había dicho que nos lo preguntaría. Sacó el listado y dijo: “Cardozo al frente” la primera. Me quedé lívida, me levanté del asiento y me salió del susto, que “no había estudiado” y respondió: “un cero”. Me quería morir… 

En fin, algunos recuerdos de esa etapa que vivimos bajo el mismo techo y durante cinco años unos cuantos compañeros del Instituto Fray Mamerto Esquiú, de Mar del Plata, Argentina. De esto ya hace 35 años.






miércoles, 1 de enero de 2014

¡2014!

Comienza el año, un año que ojalá sea mejor que el que dejamos atrás. Creo que a pesar de las vicisitudes de otros años no había experimentado tanto satisfacción de terminar con 2013. En lo general seguirá todo igual, soy realista, pero en lo personal es donde pienso aplicar cambios o proponerme algunas metas. Metas que no sean imposibles de cumplir y que me permitan continuar trabajando en mi crecimiento personal, ampliar conocimientos, seguir disfrutando de los amores de mi vida y de la vida.
Obviamente que dejaré que 2014 me sorprenda, sin embargo, intentaré trabajar para lograr mis propósitos. En estos momentos escucho el concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida por el Director de Orquesta Daniel Barenboim, y una vez culmine el año nuevo empieza su andadura. Espero que sea un buen año para todos y que sobre todas las cosas sean felices. 

viernes, 13 de septiembre de 2013

Recuerdos





Las fotos sociales hacen que de buenas a primeras te encuentres con una época pasada y con personas que en algún momento de tu vida han compartido el mismo camino de la vida. Un camino que tiene tantas etapas como bifurcaciones que hacen que tengas que elegir en todo momento a dónde dirigir tus pasos.
Sin embargo, en la etapa en que estás en la escuela primaria o secundaria la convivencia diaria, año tras año, hace que convivas con un grupo de personas de tu misma edad y con inquietudes similares o muy diferentes. En esos años la amistad verdadera surge sin más o simplemente no surge nunca, así de simple. Algunas de esas amistades se conservan y otras se van desvaneciendo con la distancia y el tiempo.
De aquella época de estudiantes acabo de ver fotos de dos personas que fueron muy significativas en mi vida. Irma y María Elena. Para ellas esta foto con el corazón, y los ojos húmedos de la emoción.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Señoras



En la vida nos encontramos con verdaderas señoras, señoras que lo son de los pies a la cabeza y que se comportan como tales, sea el lugar que sea.

Hay personas que les molesta que se les de ese tratamiento, quizás porque se hacen eco de algunas de las definiciones que da el diccionario de la Real Academia Española: “Persona respetable que ya no es joven”, o “mujer o esposa”. Entiendo que pueda molestar quizás más la segunda acepción para aquellas mujeres que se encuentran sin pareja y no tienen en cuenta el resto, o la primera para aquellas que se creen que la juventud es eterna. 

Sin embargo, de todas las definiciones me quedo con la siguiente: 

Persona elegante, educada y de nobles sentimientos”. 

Verdad es que hay señoras que de esta última tienen poco o nada y son realmente unas reverendas hijas de su madre, pero eso ya es otro tema. 

A veces tenemos que esperar en organismos públicos o privados a que nos atiendan, lo que nos deja un tiempo precioso para observar el comportamiento o el lenguaje corporal de los posibles candidatos a atendernos. Una vez visto el panorama, y a medida que se aproxima tu número ruegas que tal o cual no te toque porque desprende por todos sus poros una mala leche que contamina hasta la silla donde se tiene uno que sentar. 

Sin embargo, la excepción existe. Cuando se va acercando tu turno, respiras profundo y con alivio cuando ves que tu número coincide con el número de la mesa de esa persona que desprende profesionalidad, respeto, claridad y que es una verdadera Señora, con independencia de su estado civil y su edad. 

En sucesivas entradas hablaré de aquellas señoras que de una manera u otra han marcado mi vida o que sin conocerlas han sido tan profesionales en lo que hacían que me han motivado a ser como ellas. La vida, en sus tantas vueltas las ha vuelto a poner en mi camino y la emoción, el agradecimiento y el recuerdo han motivado esta publicación. Magdalena va por usted. 

Pd.: Puede que no recuerde un nombre, una fecha o un acontecimiento importante, pero mi memoria de elefante no olvida una cara, unos ojos, una voz o una sonrisa aunque pasen muchos años. Mi ordenador mental guarda como verdaderos tesoros esos rostros que marcaron mi vida para bien. 
El resto: a la basura. 


jueves, 1 de agosto de 2013

La isla de las emociones y los sentidos

He encontrado esta fábula que quiero compartir textualmente porque me parece encantadora, fina y elegante. Porque todos de un modo u otro cada día perdemos algo. Autor: Jorge Bucay, El camino de las lágrimas.


"Había una vez una isla donde habitaban todas las emociones y todos los sentimientos humanos que existían. Convivían  por supuesto el Temor, el Odio, la Sabiduría, el Amor, la Angustia; todos estaban ahí.
Un día, el Conocimiento reunió a los habitantes de la isla y les dijo:
  • Tengo una mala noticia para darles: la isla se hunde.
Todas las emociones que vivían en la isla dijeron:
  • ¡No, cómo puede ser! ¡Si nosotros vivimos aquí desde siempre!
El Conocimiento repitió:
  • La isla se hunde.
  • ¡Pero no puede ser! ¡Quizás estás equivocado!
  • Yo nunca me equivoco -aclaró el Conocimiento-. Si les digo que se hunde, es porque se hunde. 
  • Pero ¿qué vamos a hacer ahora? - preguntaron los demás.
Entonces el Conocimiento contestó:
  • Bueno, hagan lo que quieran, pero yo les sugiero que busquen la manera de dejar la isla... hagan un barco, un bote, una balsa o algo para irse porque el que permanezca en la isla desaparecerá con ella.
  • ¿No podrías ayudarnos? - preguntaron todos, porque confiaban en su capacidad.
  • No - dijo el Conocimiento -. La Previsión y yo hemos construido un avión y cuando termine de decirle esto volaremos hasta la isla más cercana.
Las emociones dijeron:
  • ¡No! Pero ¡no! ¿y nosotros?
Dicho esto, el Conocimiento se subió al avión con su socia y, llevando como polizón al Miedo, que como no es zonzo ya se había escondido en el avión, dejaron la isla. 
Todas las emociones se dedicaron a construir un bote, un barco, un velero... todos... salvo el Amor.
Porque el Amor estaba tan relacionado con cada cosa de la isla que dijo:
  • Dejar esta isla... después de todo lo que viví aquí... ¿Cómo podría yo dejar este arbolito, por ejemplo... ? ahhh... compartimos tantas cosas.
Y mientras cada uno se dedicaba a construir una manera de irse, el Amor se subió a cada árbol, olió cada rosa, se fue hasta la playa y se revolcó en la arena como solía hacerlo en otros tiempos, tocó cada piedra... y quiso pensar con esta ingenuidad que tiene el Amor: ≪Quizás se hunda un ratito y después...≫.
Pero la isla... la isla se hundía cada vez más.
Sin embargo, el Amor no podía pensar en construir, porque estaba tan dolorido que sólo podía llorar y gemir por lo que perdería.
Y otra vez tocó las piedritas y otra vez se arrastró en la arena y otra vez se mojó los piecitos.
  • Después de tantas cosas que pasamos juntos... - le dijo a la isla.
Y la isla se hundió un poco más...
Hasta que, finalmente, de ella solo quedó un pedacito. El resto había sido tapado por el agua.
Recién en ese momento el Amor se dio cuenta de que la isla se estaba hundiendo de verdad y comprendió que si no conseguía irse el amor desaparecería para siempre de la faz de la Tierra. Así que entre charcos se dirigió a la bahía, que era la parte más alta de la isla. Fue con la esperanza de ver allí a alguno de sus compañeros y pedirles que lo llevaran.
Buscando en el mar vio venir al barco de la Riqueza y le hizo señas, y la Riqueza se acercó un poquito a la bahía.
  • Riqueza, vos que tenés un barco tan grande, ¿no me llevarías hasta la isla vecina?
Y la Riqueza le contestó:
  • Estoy tan cargada de dinero, de joyas y de piedras preciosas que no tengo lugar para vos. Lo siento - y siguió su camino sin mirar atrás.
El Amor se quedó mirando y vio venir a la Vanidad en un barco hermoso, lleno de adornos, caireles, mármoles y florcitas de todos los colores, que llamaba muchísimo la atención. El Amor se estiró un poco y gritó:
  • Vanidad... Vanidad... llevame con vos.
La Vanidad miró al Amor y le dijo:
  • Me encantaría llevarte pero... tenés un aspecto... ¡están tan desagradable, sucio y desaliñado... perdón, afearías mi barco! - y se fue.
Y cuando pensó que ya nadie más pasaría vio acercarse un barco muy pequeño, el último, el de la Tristeza.
  • Tristeza, hermana -le dijo-, vos que me conocés tanto, vos sí me vas a llevar ¿verdad?
Y la Tristeza le contestó:
  • Yo te llevaría, pero estoy tan triste que prefiero seguir sola - y sin decir más se alejó.
Y el Amor, pobrecito, se dio cuenta de que por haberse quedado ligado a estas cosas que tanto amaba iba a hundirse en el mar hasta desaparecer.
Y el Amor se sentó el el último pedacito que quedaba de su isla a esperar el final... Cuando, de pronto, escuchó que alguien lo chistaba:
  • Chist-chist-chist...
Era un viejito que le hacía señas desde un bote de remos.
El Amor dijo:
  • ¿A mí?
  • Si, si- dijo el viejito- a vos. Vení conmigo, yo te salvo.
El Amor lo miró y dijo:
  • Mirá, lo que pasó fue que yo me quedé...
  • Yo entiendo- dijo el viejito sin dejarlo terminar-, subite, yo te voy a salvar.
El Amor se subió al bote y empezaron a remar para alejarse de la isla, que en efecto terminó de hundirse unos minutos después y desapareció para siempre.
Cuando llegaron a la otra isla, el Amor comprendió que seguía vivo, que iba a seguir existiendo gracias a este viejito, que sin decir una palabra se había ido tan misteriosamente como había aparecido.

Entonces el Amor se cruzó con la Sabiduría y le dijo:

- Yo no lo conozco y él me salvó, ¿cómo puede ser? Todos los demás no comprendían que me quedara, él me ayudó y yo ni siquiera sé quién es...
La Sabiduría lo miró a los ojos y dijo:

- Él es el Tiempo. Y el Tiempo, Amor, es el único que puede ayudarte cuando el dolor de una pérdida te hace creer que no podés seguir."