lunes, 26 de septiembre de 2011

Andalucía: Córdoba

Córdoba es una ciudad bellísima. Los parques que rodean la ciudad y la arquitectura que se encuentra en cada una de sus calles te dan la bienvenida. Es una ciudad que la visitan millones de turistas y cuyo atractivo principal se encuentra en la Mezquita.

Un recinto que se ordena en once naves perpendiculares a la quibla, que mira al Sur en vez de hacerlo al Oriente, orientación peculiar de las mezquitas hispano-musulmanas. Una característica del arte islámico es el tomar elementos de edificaciones anteriores como muros, columnas visigóticas e incluso romanas.

Para resolver el problema de la altura y la luminosidad, se sobrepusieron a las columnas unos pilares, desarrollándose así un bello entramado de arcos de herradura y de medio punto, de un efecto visual complejo y fascinante. Sus calidades decorativas se realzan mediante la alternancia de las dovelas (de colores rojo y blanco o bien de materiales, piedra y ladrillo).
En el centro del recinto se encuentra la Catedral de Córdoba una arquitectura que desentona totalmente con la arquitectura islámica y que está ricamente decorada.
Curiosidades aparte, el folleto informativo de esta obra arquitectónica tiene como título: "La Catedral de Córdoba. Testigo vivo de nuestra historia", y me pregunto de qué historia ¿la católica?.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Mis lecturas

Todos estos libros forman parte de mi biblioteca personal que no se resume solamente a estos ejemplares sino que son muchos más. Sin embargo, en esta estantería se encuentran mis preferidos y los leídos recientemente. De algunos de ellos he hablado en este blog. Leer es una de mis aficiones, la lectura me transporta a mundos físicos, sociales y psicológicos con los cuales disfruto y crezco al llegar a la última página. Mis libros me acompañan allá donde voy, son una pesada carga, forman parte de mi vida y cuando consulto sus páginas vuelvo a ese momento en el cual los leí. En este tiempo en que las tecnologías lo invaden todo, soy reacia a los e-book, no me gustan, el placer de tener el libro en mis manos, el de ir dando vuelta las hojas, el contacto con el papel, el olor del papel sea nuevo o viejo no se puede comparar. Quizás se deba a que conviví con ellos desde que tengo uso de razón, quizás sea porque hay un gran sentimiento mutuo entre el libro y yo, quizás porque hay valores que despiertan y no los quiero perder, por eso y mucho más soy una defensora del libro tradicional y espero que no se pierda.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Lectura de verano III


"Estás de un lado o del otro. No hay otra. De un lado o del otro "

Esta novela está ambientada en Argentina en un modelo de residencia denominada "country" que se encuentra dentro de un perímetro cerrado y separado de una barriada popular.Un paraíso para los que viven allí que empieza a ver su lado oscuro y que termina por desmoronarse.
La autora describe con gran detalle los aspectos sociales y psicológicos de todos los personajes en un lenguaje ameno que invita a leer el libro casi sin pausa.
Me ha gustado reencontrarme con el vocabulario y las expresiones propias de mi cultura argentina. A diferencia de otros libros no fue necesario buscar palabras desconocidas en el diccionario.

viernes, 5 de agosto de 2011

Lecturas de verano II


De paseo por Madrid vi en el escaparate de una librería este libro. Al autor no lo conocía y el título me llamó la atención. Mi hija lo tenía en su casa y lo empecé a leer. La soledad de los números primos, de Paolo Giordano, es un libro que habla de la emociones, de la soledad, de los desajustes emocionales, de los complejos físicos y síquicos, de la anorexia no sólo física sino también la de los sentimientos, especialmente del amor y de las marcas que pueden dejar hechos ocurridos en la niñez.
Los comportamientos humanos, las causas y consecuencias de una pérdida, la adolescencia y también la edad adulta son temas que toca el autor con gran maestría. El libro en sí no es muy grande, tan sólo unas 281 páginas que por su trama atraen y cuyo final es una liberalización no sólo de los personajes sino también del lector que respira luego de tanta emoción contenida.

Lecturas de verano I


He comenzado mi andadura veraniega con aquellos libros que uno siempre quiere leer pero que se van quedando atrás en la selección, son libros que atraen por sus autores o por sus títulos.
En este caso he leído a José Saramago, que con su Ensayo sobre la ceguera, me ha llevado por un realidad imaginaria en la que el autor ha sacado a relucir todas las miserias humanas existentes en situaciones límites. Una situación inventada en la que cada personaje vive la experiencia según sus propios instintos de supervivencia y donde los valores se pierden, se modifican o se mantienen. Su lectura me ha mantenido en vilo por los distintos momentos vividos, por su redacción impecable y por la descripción tan detallada de los ambientes y de los comportamientos de cada uno de los personajes que han participado. Una curiosidad ha sido que cuando hablan los protagonistas o los que intervienen en la historia no hay signos que lo indiquen, sino que con punto y seguido el autor nos indica cuando participa uno u otro.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Reciclarse

Durante muchos años he ido reciclándome para no quedar obsoleta en conocimientos o en esta realidad que cambia constantemente. Lo he hecho con humildad, porque del otro siempre se aprende algo que nos mejora, que nos hace crecer como personas, como seres pensantes que somos y porque todo cambia.
En estos tiempos de "crisis" algunos tenemos la ventaja de haber vivido otras peores, porque cuando se tienen experiencias anteriores se suele ir con ventaja, sea buena o mala. Sin embargo, cada día que pasa no puedo mantener mi actitud, una actitud positiva y optimista que me ha ayudado a seguir adelante aún en los peores momentos.
Hoy soy más crítica y me pregunto si debería serlo o conformarme con lo que hay, bajar la cabeza aceptando todo como un borrego o seguir remando contra la corriente. Con el paso de los años he ido perdiendo credibilidad en el sistema, en la sociedad y en el ser humano en sí. Otra vez he perdido el rumbo, mi rumbo. Estoy en una edad en la que me siento descartada, si descartada por todo lo que me rodea. Cuando no sabía leer, quizás me perdía muchas cosas, quizás vivía en mi propio mundo, hoy que he aprendido, hoy que estoy preparada, hoy que he cumplido los requisitos, hoy... siento que me caído y no me puedo levantar.

miércoles, 27 de abril de 2011

El miedo escénico

Desde mi incorporación a la "sociedad", es decir, desde mi retorno a la misma he notado que lo he hecho desde una perspectiva más observadora. En esta etapa dejo fluir mis impresiones, no las censuro, simplemente van y vienen. Mi observación pasa por el comportamiento de las personas ante una presentación, en este caso una presentación de un tema ante el resto del grupo y con un profesor que escucha. Es curioso ver como se repite el mismo patrón, miedo, sudor, palpitaciones y una postura física que confirma ese estado de ansiedad. Con independencia de la edad, uno tras otro repite el mismo modelo, el rostro tenso, la mirada dirijida al profesor como si el resto no existiera, una seriedad extrema, un tono de voz alto como si los que escuchan fueran sordos, y al finalizar se ilumina el rostro, una sonrisa y un cuerpo relajado después de la tensión sufrida. Si se pudiera iniciaría el proceso al revés. He visto tantas presentaciones, en seminarios, en clases, en distintos sitios. En un congreso al que asistí, la presentación en power point contenía dibujos infantiles animados, de esos que se utilizan en situaciones informales, la exponente estaba tan seria, su tono de voz era tan seco que parecía enojada de estar ahí. Su mirada se perdía entre las líneas que leía y en ningún momento se atrevió a levantar la vista. Después al finalizar, escuché a familiares y amigos diciendo que había estado fantástica, que la presentación había estado muy bien, menuda falsedad. Cosas de la vida, tuvimos que compartir mesa, hablamos de esto y de aquello, ella siempre rodeada de sus amistades. No pude contenerme y antes de despedirnos le di mi opinión sobre lo que había visto, con muchísimo tacto y prudencia. La falta de profesionalidad de quienes la rodeaban se puso en evidencia y su agradecimiento fue sincero.