viernes, 13 de septiembre de 2013

Recuerdos





Las fotos sociales hacen que de buenas a primeras te encuentres con una época pasada y con personas que en algún momento de tu vida han compartido el mismo camino de la vida. Un camino que tiene tantas etapas como bifurcaciones que hacen que tengas que elegir en todo momento a dónde dirigir tus pasos.
Sin embargo, en la etapa en que estás en la escuela primaria o secundaria la convivencia diaria, año tras año, hace que convivas con un grupo de personas de tu misma edad y con inquietudes similares o muy diferentes. En esos años la amistad verdadera surge sin más o simplemente no surge nunca, así de simple. Algunas de esas amistades se conservan y otras se van desvaneciendo con la distancia y el tiempo.
De aquella época de estudiantes acabo de ver fotos de dos personas que fueron muy significativas en mi vida. Irma y María Elena. Para ellas esta foto con el corazón, y los ojos húmedos de la emoción.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Señoras



En la vida nos encontramos con verdaderas señoras, señoras que lo son de los pies a la cabeza y que se comportan como tales, sea el lugar que sea.

Hay personas que les molesta que se les de ese tratamiento, quizás porque se hacen eco de algunas de las definiciones que da el diccionario de la Real Academia Española: “Persona respetable que ya no es joven”, o “mujer o esposa”. Entiendo que pueda molestar quizás más la segunda acepción para aquellas mujeres que se encuentran sin pareja y no tienen en cuenta el resto, o la primera para aquellas que se creen que la juventud es eterna. 

Sin embargo, de todas las definiciones me quedo con la siguiente: 

Persona elegante, educada y de nobles sentimientos”. 

Verdad es que hay señoras que de esta última tienen poco o nada y son realmente unas reverendas hijas de su madre, pero eso ya es otro tema. 

A veces tenemos que esperar en organismos públicos o privados a que nos atiendan, lo que nos deja un tiempo precioso para observar el comportamiento o el lenguaje corporal de los posibles candidatos a atendernos. Una vez visto el panorama, y a medida que se aproxima tu número ruegas que tal o cual no te toque porque desprende por todos sus poros una mala leche que contamina hasta la silla donde se tiene uno que sentar. 

Sin embargo, la excepción existe. Cuando se va acercando tu turno, respiras profundo y con alivio cuando ves que tu número coincide con el número de la mesa de esa persona que desprende profesionalidad, respeto, claridad y que es una verdadera Señora, con independencia de su estado civil y su edad. 

En sucesivas entradas hablaré de aquellas señoras que de una manera u otra han marcado mi vida o que sin conocerlas han sido tan profesionales en lo que hacían que me han motivado a ser como ellas. La vida, en sus tantas vueltas las ha vuelto a poner en mi camino y la emoción, el agradecimiento y el recuerdo han motivado esta publicación. Magdalena va por usted. 

Pd.: Puede que no recuerde un nombre, una fecha o un acontecimiento importante, pero mi memoria de elefante no olvida una cara, unos ojos, una voz o una sonrisa aunque pasen muchos años. Mi ordenador mental guarda como verdaderos tesoros esos rostros que marcaron mi vida para bien. 
El resto: a la basura. 


jueves, 1 de agosto de 2013

La isla de las emociones y los sentidos

He encontrado esta fábula que quiero compartir textualmente porque me parece encantadora, fina y elegante. Porque todos de un modo u otro cada día perdemos algo. Autor: Jorge Bucay, El camino de las lágrimas.


"Había una vez una isla donde habitaban todas las emociones y todos los sentimientos humanos que existían. Convivían  por supuesto el Temor, el Odio, la Sabiduría, el Amor, la Angustia; todos estaban ahí.
Un día, el Conocimiento reunió a los habitantes de la isla y les dijo:
  • Tengo una mala noticia para darles: la isla se hunde.
Todas las emociones que vivían en la isla dijeron:
  • ¡No, cómo puede ser! ¡Si nosotros vivimos aquí desde siempre!
El Conocimiento repitió:
  • La isla se hunde.
  • ¡Pero no puede ser! ¡Quizás estás equivocado!
  • Yo nunca me equivoco -aclaró el Conocimiento-. Si les digo que se hunde, es porque se hunde. 
  • Pero ¿qué vamos a hacer ahora? - preguntaron los demás.
Entonces el Conocimiento contestó:
  • Bueno, hagan lo que quieran, pero yo les sugiero que busquen la manera de dejar la isla... hagan un barco, un bote, una balsa o algo para irse porque el que permanezca en la isla desaparecerá con ella.
  • ¿No podrías ayudarnos? - preguntaron todos, porque confiaban en su capacidad.
  • No - dijo el Conocimiento -. La Previsión y yo hemos construido un avión y cuando termine de decirle esto volaremos hasta la isla más cercana.
Las emociones dijeron:
  • ¡No! Pero ¡no! ¿y nosotros?
Dicho esto, el Conocimiento se subió al avión con su socia y, llevando como polizón al Miedo, que como no es zonzo ya se había escondido en el avión, dejaron la isla. 
Todas las emociones se dedicaron a construir un bote, un barco, un velero... todos... salvo el Amor.
Porque el Amor estaba tan relacionado con cada cosa de la isla que dijo:
  • Dejar esta isla... después de todo lo que viví aquí... ¿Cómo podría yo dejar este arbolito, por ejemplo... ? ahhh... compartimos tantas cosas.
Y mientras cada uno se dedicaba a construir una manera de irse, el Amor se subió a cada árbol, olió cada rosa, se fue hasta la playa y se revolcó en la arena como solía hacerlo en otros tiempos, tocó cada piedra... y quiso pensar con esta ingenuidad que tiene el Amor: ≪Quizás se hunda un ratito y después...≫.
Pero la isla... la isla se hundía cada vez más.
Sin embargo, el Amor no podía pensar en construir, porque estaba tan dolorido que sólo podía llorar y gemir por lo que perdería.
Y otra vez tocó las piedritas y otra vez se arrastró en la arena y otra vez se mojó los piecitos.
  • Después de tantas cosas que pasamos juntos... - le dijo a la isla.
Y la isla se hundió un poco más...
Hasta que, finalmente, de ella solo quedó un pedacito. El resto había sido tapado por el agua.
Recién en ese momento el Amor se dio cuenta de que la isla se estaba hundiendo de verdad y comprendió que si no conseguía irse el amor desaparecería para siempre de la faz de la Tierra. Así que entre charcos se dirigió a la bahía, que era la parte más alta de la isla. Fue con la esperanza de ver allí a alguno de sus compañeros y pedirles que lo llevaran.
Buscando en el mar vio venir al barco de la Riqueza y le hizo señas, y la Riqueza se acercó un poquito a la bahía.
  • Riqueza, vos que tenés un barco tan grande, ¿no me llevarías hasta la isla vecina?
Y la Riqueza le contestó:
  • Estoy tan cargada de dinero, de joyas y de piedras preciosas que no tengo lugar para vos. Lo siento - y siguió su camino sin mirar atrás.
El Amor se quedó mirando y vio venir a la Vanidad en un barco hermoso, lleno de adornos, caireles, mármoles y florcitas de todos los colores, que llamaba muchísimo la atención. El Amor se estiró un poco y gritó:
  • Vanidad... Vanidad... llevame con vos.
La Vanidad miró al Amor y le dijo:
  • Me encantaría llevarte pero... tenés un aspecto... ¡están tan desagradable, sucio y desaliñado... perdón, afearías mi barco! - y se fue.
Y cuando pensó que ya nadie más pasaría vio acercarse un barco muy pequeño, el último, el de la Tristeza.
  • Tristeza, hermana -le dijo-, vos que me conocés tanto, vos sí me vas a llevar ¿verdad?
Y la Tristeza le contestó:
  • Yo te llevaría, pero estoy tan triste que prefiero seguir sola - y sin decir más se alejó.
Y el Amor, pobrecito, se dio cuenta de que por haberse quedado ligado a estas cosas que tanto amaba iba a hundirse en el mar hasta desaparecer.
Y el Amor se sentó el el último pedacito que quedaba de su isla a esperar el final... Cuando, de pronto, escuchó que alguien lo chistaba:
  • Chist-chist-chist...
Era un viejito que le hacía señas desde un bote de remos.
El Amor dijo:
  • ¿A mí?
  • Si, si- dijo el viejito- a vos. Vení conmigo, yo te salvo.
El Amor lo miró y dijo:
  • Mirá, lo que pasó fue que yo me quedé...
  • Yo entiendo- dijo el viejito sin dejarlo terminar-, subite, yo te voy a salvar.
El Amor se subió al bote y empezaron a remar para alejarse de la isla, que en efecto terminó de hundirse unos minutos después y desapareció para siempre.
Cuando llegaron a la otra isla, el Amor comprendió que seguía vivo, que iba a seguir existiendo gracias a este viejito, que sin decir una palabra se había ido tan misteriosamente como había aparecido.

Entonces el Amor se cruzó con la Sabiduría y le dijo:

- Yo no lo conozco y él me salvó, ¿cómo puede ser? Todos los demás no comprendían que me quedara, él me ayudó y yo ni siquiera sé quién es...
La Sabiduría lo miró a los ojos y dijo:

- Él es el Tiempo. Y el Tiempo, Amor, es el único que puede ayudarte cuando el dolor de una pérdida te hace creer que no podés seguir."



sábado, 27 de julio de 2013

Sobrevivientes



El accidente del tren que descarriló en Galicia me sobrepasó. El impacto fue brutal y nadie se puede imaginar lo que eso fue sin haberlo vivido. Brutal que semejantes moles se conviertan en un amasijo de hierros, en el que maletas y todos los elementos del que estén compuestos estos vagones pasen a convertirse en instrumentos mortales para todos los que en estén allí en cuestión de segundos.

En estos momentos se están buscando a los responsables de dicho accidente. Los unos se tiran los trastos a los otros y al maquinista se le viene todo en contra, porque en momentos así todo lo que “has escrito” en cualquier red social se convierte en tu peor enemigo. No me quiero pronunciar al respecto, eso va para largo dependiendo de los intereses de cada uno y este hombre es inocente hasta que se demuestre lo contrario. 

Los medios hablan de muertos, han sido en total setenta y ocho personas que han perdido la vida, y la verdad es que en estos accidentes masivos no se encuentran las palabras para consolar a tanta gente. 

Sin embargo, de los sobrevivientes se habla poco. No hablo de aquellos que pudieron salir por su propio pie, con heridas leves o simplemente golpeados, sino de aquellos que están ingresados con un pronóstico reservado, de aquellos que están en coma, de aquellos que han sufrido un daño cerebral, de aquellos que al despertar verán sus cuerpos mutilados, quemados o con heridas tan graves que no sabrán cómo soportar tanto dolor. 

Hablo de aquellos que debido a este gravísimo accidente “renacerán” a una nueva vida, hablo de aquellos que deberán comenzar a aprehender cosas básicas y que en esta segunda oportunidad que la vida les ha dado sus familias y amigos serán el pilar fundamental de su recuperación. 

Mi pensamiento en estos momentos está con todos los que han sobrevivido a tremendo accidente. A los que están luchando por sobrevivir, a los que están en coma, a los que tienen un daño cerebral, a los mutilados, a los que serán dependientes, a los que las heridas han desfigurado sus cuerpos, a todos los que están luchando. A sus familias, madres, padres, hermanos, amigos. A todos los que de una manera u otra tendrán que afrontar esta nueva realidad. 

miércoles, 10 de julio de 2013

Directo al corazón

Ruffus, fotografía de Patricia González Larsen


A veces cuando vemos fotos puede que nos gusten o no. Entre los distintos factores que intervienen en la elección está en primer lugar nuestro gusto personal y nuestra orientación  fotográfica, es decir la temática hacia la cual nos orientamos. Podemos en un principio hacer fotos a todo lo que se mueve y a lo que no. Paisajes, personas, animales, detalles, etc. Todo aquello que vemos, que nos sobrepasa emocionalmente, que nos deslumbra, queremos dejarlo congelado en el tiempo con nuestra cámara. 

Lamentablemente lo que nuestro ojo ve, asociado con las emociones que despierta en nuestro ser el elemento a fotografiar del momento, no tienen nada que ver con la foto tomada. La falta de conocimientos técnicos y teóricos hacen que cometamos fallos, grandes fallos y que debido a lo efímero del momento no logremos captarlo correctamente. 

Ver la foto de otro y que te emocione de verdad está, desde mi punto de vista, indiscutiblemente asociado a nuestro gusto personal. Nuestro gusto personal será el que nos oriente a decir me gusta o no, aún siendo ignorantes en técnicas, o tecnicismos. Por eso, podemos ver el trabajo de otros sin que nos emocione, casi con total indiferencia diría. 

Sin embargo, aquello que está relacionado con nuestra temática, si además reúne los requisitos técnicos y por alguna razón tenemos conocimiento de la historia que hay detrás, puede llegarte directo al corazón. 

Esto lo he entendido hoy al ver una foto hecha con amor, el mismo amor que puedo captar en la mirada de quien ha sido fotografiado. 

domingo, 7 de julio de 2013

Desayuno con vinagre



En muchas ocasiones nos encontramos en situaciones de contacto con el otro por necesidad, una necesidad imposible de rehuir. Estas necesidades están relacionadas con oficinas, entes públicos o privados, con los que tenemos que interaccionar por obligación, ya sea personalmente o a través del teléfono. De una manera u otra, nos encontramos con sorpresas tanto agradables como desagradables. 

Indudablemente hay personas que están tan quemadas de atender al público que su lenguaje corporal se puede leer de lejos. En la espera se observa que  le supera el tener que repetir la misma cantinela una vez y otra, minuto a minuto, hora tras hora, día a día.... y así sucesivamente. 

Claro que la situación cambia cuando a quien le toca la vez es un conocido o amigo. El rostro se ilumina, la sonrisa le cambia la expresión sombría del día a día y de pronto surge otra persona, una persona que brilla con luz propia por ver una cara conocida, que además de hacer el trámite correspondiente le aporta un poco de aire fresco, un cambio de tono. Pero claro, esa luz dura lo que tarda en llamar al siguiente, y de vuelta nos encontramos con esa persona sombría y harta de hacer el mismo trabajo. 

Al teléfono también nos encontramos con una variopinta gama de voces y de tonos masculino o femenino. El aparato es el intermediario y es aquí cuando quien te atiende creyendo que no le ves, suele expresarse con un registro de voz u otro. La voz es en este caso, el espejo del alma de ese individuo. Muchas personas se olvidan que están en el trabajo, olvidan que están en una entidad púbica o privada, y que como tal no se puede responder con un: “hola”. En más de una oportunidad he dudado de haber marcado el número correcto al oír esta respuesta, cuando en realidad era la oficina tal o cual. 

El teléfono tiene la ventaja para quien lo atiende del anonimato del lenguaje corporal, pero claro, teniendo en cuenta que la voz es el espejo del alma, no hace más que poner en evidencia que esa persona, por su tono de voz en sus respuestas, ha desayunado con vinagre.

La atención al público no es fácil, es una tarea ardua y dura, sea personal o telefónicamente. Es un trabajo que hay que hacerlo y cuanto mejor se haga tanto mejor para quien atiende como para quien es atendido. ¿No le parece? 

lunes, 24 de junio de 2013

Miss Nk

He terminado mi curso de fotografía, sin embargo me considero una "aprendiz de fotógrafa" debido a que el aprendizaje acaba de empezar. He aprendido mucho y más, viendo el trabajo de grandes fotógrafos, siendo alguno de mis preferidos Henri Cartier-Bresson y Annie Leibovitz. He de asimilar mucha información y también aprender a "escribir" con la luz. Por lo pronto abriré una cuenta en Flickr y publicaré aquellas fotos que considere puedan ser interesantes por la técnica empleada o bien porque pueden transmitir una idea o un sentimiento a quien la vea. Después del curso he perdido espontaneidad o quizás la responsabilidad de disparar correctamente hace que me sienta condicionada a determinados valores que antes no tenía en cuenta. Por cierto que "Miss Nk" y yo tenemos mucho que recorrer juntas y espero que ambas seamos una.  El día que la bauticé nos tomamos un cafecito e hicimos juntas esta foto.