domingo, 10 de abril de 2011

Un regalo sorpresa


Llevo mucho tiempo sin levantar cabeza, mi equilibrio emocional está mal, mi capacidad de reacción a las cosas negativas que me rodean es casi nula, si a esto le sumo mi cumpleaños y la situación económica y social actual completo el panorama.
Estoy con un grupo fantástico de gente haciendo un curso de formación, todos estamos en la misma situación: desempleados.
La edad es diversa desde la más joven que tiene 21 años hasta los que pasamos los cincuenta. Somos 16 personas que aportamos con nuestra experiencia la parte práctica de este curso. He de decir que sólo hay un chico, que se incorporó más tarde, al igual que otra compañera. Todos con su historia, todos con una trayectoria, todos con años de trabajo, todos con un factor común: el haber perdido su trabajo recientemente y estar en el paro.
Al margen de esto, al día siguiente de mi cumpleaños ni bien entré al aula mi compi me hizo un regalo, un CD y casi textualmente me dijo: "ponte tus auriculares, túmbate en un lugar tranquilo y escucha el CD". Ese día precisamente no fue un buen día para mí, ni qué decir tiene que la tarde fue muy desagradable. Me acordé del regalo, y en la tranquilidad de la noche me puse a escucharlo. Ni bien empezaron los primeros acordes la emoción, las lágrimas y el agradecimiento hacia mi compañero iban en aumento. El CD contiene música clásica, música que ha elegido como si yo lo hubiera hecho, música que me llenó mi alma y el corazón. No llevamos muchos días juntos, en general y en particular, sin embargo quiero destacar su sensibilidad para ver más allá de mi. Al día siguiente le di las gracias de todo corazón, y se lo comenté. Fue una sorpresa increíble, creo que es la primera vez en mucho tiempo que alguien "casi desconocido" tiene un detalle tan significativo hacia mi. Para lo que me cayó durante el día, la música fue mi remanso de paz ¡gracias!.

domingo, 3 de abril de 2011

Primer día de playa


Durante la semana tuvimos unos días brillantes de sol y con mucha claridad. De un tiempo a esta parte, estamos todos muy pendientes del parte meteorológico porque hemos un tenido un invierno muy gris y lluvioso. Por eso el viernes pensé que el sábado había que aprovecharlo, ya que nos habían anunciado que el domingo volvería el mal tiempo. Sin embargo, el sábado no amaneció tan claro, ni había un sol radiante. La temperatura era agradable y nos fuimos a la playa que está enfrente casi de nuestra casa. Había poca gente tomando sol, muchos paseando y otros pescando. El mar tenía un color gris, una gris brillante precioso y sereno que embelesaba. En un momento dado fui a sacar fotos, y estuve buscando aquello que me llamase la atención, ya sean caracoles, piedras o algas. Como siempre de las muchas que hice luego son muy pocas las que considero buenas o que merecen la pena guardarse. En ello estaba, además de mis pensamientos. Mis pensamientos que no paran de dar una y mil vueltas, vueltas que van y vienen y no encuentran un punto de inflexión, un punto de salida o un punto de claridad. No sé si se debe a la proximimidad de mi cumpleaños, a mis expectativas en este tiempo, a la situación actual o a esos cambios internos que siento y que no logro ordenar y sacar al exterior. De pronto me levanté y en vez de ir en la dirección en que estábamos fui por un camino más largo, fue una sensación extraña, sin embargo al avanzar unos pasos me encontré con un billete de 20 euros, creo que miré hacia a mi alrededor pensando en que sería una broma, vamos que no había en ese momento nadie y de pronto el papel estaba allí. No atiné ni siquiera a hacer una foto. Creo que es la primera vez que me encuentro un papelito de estos y me quedé pensando en mi mensaje, si es que lo tiene.

sábado, 26 de marzo de 2011

La vida

Ayer tuve oportunidad de estar unas cuantas horas en un hospital de acompañante. Durante las mismas pude observar el movimiento de personas que llegan y esperan hasta salir de allí con un diagnóstico y la medicación adecuada.
No pude evitar sentir una fuerte opresión en el pecho, quizás porque lo que allí se ve no deja de ser una repetición de algo que ya viví y marcó mi vida, además de otras situaciones que no dejan de ser violentas para quien no está muy acostumbrado a esos ambientes.
Ayer se festejaba la llegada de la primavera con un gran botellón en los alrededores de la universidad, y lo único que han hecho muchos es beber, beber hasta perder todo control, beber hasta llegar al límite de la resistencia del cuerpo. Ni bien llegué dos chicos estaban en camilla, habían tenido un accidente de tráfico, ambos con unas cuantas copas de más, ambos con collarines, ambos con lesiones internas, ambos sobrevivientes de una gran irresponsabilidad. Las ambulancias no dejan de llegar, chicas jovencísimas en coma etílico, padres desesperados buscando a sus hijos...
De pronto una mujer que estaba tumbada en una camilla se levantó gritando, dando golpes a quien se pusiera por delante, quitándose las guías, arrastrándose para salir de allí, no sabría decir en qué idioma hablaba, pero era joven, vestía un camisón de satén marrón chocolate de esos de tirantes, era alta y robusta, sin embargo, sus gritos desgarradores y todo un grupo de personas detrás y delante de ella para controlarla daban escalofríos. En las salas de espera hay un gran contraste, por un lado gente mayor, muy mayor, por otro jóvenes muy jóvenes. Los unos miran a los otros.
Los unos no entienden a los otros. Los unos que empiezan a vivir la vida, los otros que están recorriendo el trayecto final. Los unos y los otros, tan distantes y tan cercanos. Los unos y los otros, y yo.. yo observando en medio de ambos.

sábado, 5 de febrero de 2011

La cultura como identificación

La vida es un proceso continuo de conjunción y distanciación.
E. Hall
Desde el nacimiento hasta la muerte, la vida está puntuada de separaciones, de las cuales muchas son dolorosas. Paradójicamente, cada separación crea los cimientos para nuevas etapas de integración, identidad y desarrollo psíquico. Ninguno de nosotros pide nacer o morir. Sin embargo, ambas cosas son separaciones naturales e inevitables de la persona del medio ambiente que lo abarca todo. Entre ambas cosas se encuentran otras muchas separaciones, cada una de ellas acompañada de una nueva toma de conciencia.
Más allá de la cultura. Edward t. Hall. (1978)

jueves, 3 de febrero de 2011

Mis miedos y logros


Me considero una persona fuerte de caracter, con una voluntad constante para conseguir aquello que pueda suponerme un desafío, que decir cuando tengo a todo el mundo en contra y venga remar contracorriente para alcanzar mi meta. Cuando la alcanzo no hay felicidad y satisfacción más grande, sin embargo, no me quedo con ello sino que ya estoy mirando el horizonte en busca de otro desafío, de otra meta. Es algo innato en mi, es la esencia de mi ser. Sin embargo, hoy por hoy, una vez superado y conseguido lo propuesto no tengo claro que pueda ser valorado o que pueda rentabilizarlo. Obviamente que la situación que estamos viviendo no es de las mejores, y que la dificultades económicas y laborales afectan a muchos. He vivido fuera del mundo, es decir, fuera del mundo laboral y dentro de otro donde la educación, los libros y el placer del estudio y la lectura han hecho que no sucumbiera a la realidad que me tocó vivir. Hoy he vivido una experiencia diferente, he asistido a una prueba de nivel de inglés y también a una entrevista para poder acceder a un curso. Creo que es la primera vez que no me pongo nerviosa, que he leído cada pregunta y he respondido con una tranquilidad para mi desconocida. En la entrevista ya se me trabó la lengua y no salí tan satisfecha. En fin, lo que siempre digo, si tiene que ser para mí será. Hoy era un día de tomar decisiones y también aprovechando la adrenalina que me generó la actividad anterior dejé un cv. Sigo escribiendo mi trabajo fin de máster y cada día mis inquietudes se incrementan y cada día entiendo nuevas cosas que me hacen crecer como persona.

martes, 25 de enero de 2011

Entre libros


He terminado hoy el libro "Tannöd" de Andrea Maria Schenkel. Es lectura obligatoria de la Escuela de Idiomas. Es una novela negra que en su momento estuvo en el top ten, fue llevada al cine y al teatro además de ser traducida en distintos idiomas.
Leer en un idioma que no es el propio tiene su tarea, porque se pierde mucho tiempo en buscar palabras que no se entienden y muchas veces nuestra mente hace su propia traducción que no tiene nada que ver con lo que realmente dice en el texto. Claro que esto se deduce una vez encontrada la palabra. Mi imaginación vuela y a pesar de la dificultad disfruto de lo que leo. Este libro en particular me ha impactado por como la autora lo ha organizado y por como cada personaje relata un hecho o una situación que lleva a un desenlace inesperado. En este tipo de novelas me gusta jugar a las adivinanzas, es decir, pensar en quién es el asesino de entre todos los personajes que participan, a veces acierto pero muchas me sorprende la escritora, como lo ha sido en este caso. En muchas ocasiones, me quedo con ganas de seguir leyendo, es como si los personajes y sus historias continuaran no sólo en mi imaginación sino también en la de quien lo escribe. Es como dejar una puerta abierta. Sin embargo, en "Tannöd", se abre una puerta y se cierra de una manera tan sutil, que satisface de principio a fin su lectura.

miércoles, 5 de enero de 2011

Noche de Reyes

Mientras leo las noticias escucho la radio, más exactamente a Carlos Herrera en la onda. Están participando distintos oyentes que relatan sus recuerdos sobre los Reyes, y no he podido evitar traer mis propios recuerdos a mi memoria.
Mi infancia transcurrió entre la casa de mis tíos y la casa donde trabajaba mi madre como interna. En vacaciones solía estar mucho tiempo con mis primos, y un día de Reyes que lo pasé con ellos, no recuerdo la edad que tendría, me desperté en el mismo momento en que vi a mi tío ponerme un muñequita en los zapatos y fue en ese día en el que descubrí quiénes eran los reyes. Mis primos eran más chicos que yo así que una vez mi tío se dio cuenta me dijo que era un secreto entre los dos y que los más pequeños no deberían saberlo. Luego vinieron mis hijos y se mantuvo la misma tradición. ¡qué tiempos aquellos!