viernes, 15 de marzo de 2013

Francisco y los estereotipos


El miércoles 13 de marzo de 2013 no lo olvidaremos fácilmente. 
Todo el mundo, bueno todo el mundo católico y los que no también (más por curiosidad que por vocación religiosa), estaba pendiente de la elección del nuevo papa.Tenía su encanto el estar esperando la fumata blanca, puesto que el día anterior no se habían puesto de acuerdo y sólo pudimos ver fumatas negras. De todos los posibles candidatos, las quinielas daban a uno más que a otros las papeletas para salir nominado y ser papa. 
La prensa escrita, la televisión y la radio habían mandado a sus enviados especiales para cubrir la noticia; la plaza de San Pedro estaba llena de gente que aguantaba estoicamente las inclemencias del tiempo, lluvia y frío, protegidos de paraguas y chubasqueros. 
Sobre las 18:50 horas encendí la radio (Cadena Ser) y me disponía a preparar la cena. Dieron la señal de las 19:00 horas y a los cinco minutos Carles Cansino, con un tono de voz muy eufórico anunciaba que había fumata blanca, que se había elegido papa, qué emoción le puso a la noticia, tanta que corrí a encender la televisión y allí estaba la imagen tan esperada. 


El humo blanco saliendo de la chimenea de la Capilla Sixtina. Supongo que todos los medios y la gente que estaba esperando enloquecieron por vivir y transmitir la noticia. La espera se hizo larga, hasta que salió un cardenal y lo anunció "Habemus Papam". Todos los tertulianos y periodistas ansiosos, daban nombres y más nombres del posible papa. Cuando lo dijeron en la televisión el alboroto era tal que lo único que escuché fue Bergoglio, y comenté que era italiano por el apellido. Pensé en la alegría de todos los italianos y en el país, pero claro mi sorpresa y desconcierto llegó cuando dijeron que era argentino. 
El contenido de los estereotipos se refiere a las creencias compartidas en una cultura sobre qué características o atributos poseen la mayoría de los miembros de determinado grupo social. El origen de los estereotipos se apoya en un proceso cognitivo básico que realizamos de forma automática, denominado categorización. Cuando categorizamos a otros seres humanos, se aplica el término categorización social y hace referencia al proceso que permite clasificar a las personas en grupos en función de las características que tienen en común. Así, a través de la pertenencia grupal asignamos a una persona las características atribuidas a todos los miembros de su grupo. 
Volviendo al papa, diríamos que “todos los argentinos son iguales, visto uno visto todos; sin embargo, el resto del mundo es diferente entre sí”. 
O sea, que los argentinos ahora estamos en boca y en casa de todos, para lo bueno y para lo malo, gracias al nuevo papa Jorge Bergoglio alias Francisco.


Automáticamente pensé en nuestra dictadura, en nuestra época tan mala y empezamos a hacer cuentas de la edad de este hombre en aquellos años y también de su implicación en unos hechos que marcaron nuestra historia y la historia de muchas familias argentinas. Comenzaron a circular fotos y también he de reconocer que quise saber quién era, ya que no soy seguidora de estos temas eclesiásticos, y en todos los buscadores no se dejaba de relacionar un pasado negro con la nueva realidad de este hombre. 
Sin embargo, lo que quiero exponer en esta entrada es que nadie esperaba que fuese un argentino, desde luego que influenciada por los medios de comunicación, yo tampoco. Y ante este hecho tan particular se han encendido los estereotipos, considerados como un conjunto de creencias compartidas sobre las características de un grupo social.




miércoles, 13 de marzo de 2013

Lecturas


Que se levanten los muertos. Fred Vargas. Traducción de Helena del Amo



Desde que descubrí a Fred Vargas sigo sus obras y también a su protagonista principal el comisario Adamsberg. En todas las obras que leí de esta autora de novela negra el comisario es la figura principal y tiene un encanto especial que hace que no se pueda ignorar. Pero, claro no toda la obra de Fred Vargas gira en torno a Adamsberg y sus casos, y eso no lo sabía. Cuando compré el libro “Que se levanten los muertos” y empecé a leerlo, sin ni siquiera haber leído la contraportada, y tras varias páginas me extrañó no encontrarme a Jean-Baptiste Adamsberg, y a otros de sus compañeros de andadura. Obviamente que no tenía nada que ver ya que esta obra trata sobre tres jóvenes historiadores en paro que si bien no parecen un equipo muy idóneo para resolver un caso de homicidio logran cada uno aportando lo suyo (entusiasmo, intuición, capacidad de análisis) una historia con muchos vericuetos. El escenario: una calle del centro de París, donde todo el mundo se conoce y nunca pasa nada, pero nada pasa desapercibido. 
He disfrutado de cada página y con cada personaje, además de las descripciones de los mismos y los distintos lugares en los que se producía la acción. Una novela negra escrita desde una perspectiva nueva y fresca. Es el tipo de libro con el que quedarse en casa un día gris, frío y lluvioso. 

martes, 1 de enero de 2013

2013 ya está aquí.

Comenzamos un nuevo año, con él las ilusiones y las esperanzas de una nueva etapa. Solamente decir que en estos 365 días que se avecinan habremos de recorrer distintos caminos y con ellos deberemos hacer elecciones. Elecciones que nos permitan o bien seguir recto o bien desviarnos siempre con la única finalidad de encontrar nuestro propio sendero y a nuestro propio ritmo. Para todos, espero que 2013 sea un buen año, que sigamos aprendiendo y creciendo para ser mejores personas, que disfrutemos de nuestros seres queridos y sobre todas las cosas que seamos felices.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Bicho social 2.0


El hombre es, por naturaleza, un animal cívico [...] La razón de que el hombre sea un ser social, más que cualquier abeja y que cualquier otro animal gregario, es clara. La naturaleza, pues, como decimos, no hace nada en vano. Sólo el hombre, entre los animales, posee la palabra. La voz es una indicación del dolor y del placer; por eso la tienen también los otros animales. (Ya que por su naturaleza ha alcanzado hasta tener sensación del dolor y del placer e indicarse estas sensaciones unos a otros.) En cambio, la palabra existe para manifestar lo conveniente y lo dañino, así como lo justo y lo injusto. Y esto es lo propio de los humanos frente a los demás animales: poseer, de modo exclusivo, el sentido de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, y las demás apreciaciones. La participación comunitaria en éstas funda la casa familiar y la ciudad.

Aristóteles. Política. Libro II, capítulo 2

Según Aristóteles (384-322 a.C) somos animales sociales por naturaleza, nos agrupamos en familias, comunidades y Estados,  además en la actualidad no sólo hablamos sino que “escribimos” para comunicarnos lo que nos diferencia más de los animales. 
En los tiempos que corren la nuevas tecnologías han cambiado nuestra manera de comunicarnos y relacionarnos. Nada nuevo en el horizonte, teniendo en cuenta el avance diario que se  produce en telefonía, tabletas, ordenadores y otros artilugios. 
Sin embargo, hoy nuestros grupos están formados no sólo por la familia, los compañeros de la escuela, los amigos de la infancia, o los compañeros del trabajo, hoy formamos grupos en esa comunidad cibernética llamada Facebook. Seguramente existirán otras pero con ésta personalmente ya tengo suficiente. 
A lo que iba, he pasado de ser un animal social a convertirme en un “bicho social 2.0” es decir, que debido a las transformaciones que estamos viviendo y a mi interés por las relaciones sociales he modificado mi manera de comunicarme y me he reciclado a las nuevas formas. Si bien, no todo pasa por las nuevas tecnologías, hay relaciones que se mantienen con el tiempo, relaciones que para mantenerlas y cuidarlas necesitan de un abrazo, de un beso, de una caricia, de un te quiero.
Lamentablemente con muchas de las personas que conozco y con las que me escribo comentado de diversos temas no creo que llegue a darme un abrazo o a compartir un café, sin embargo la transmisión de conocimientos y el crecimiento personal se mantiene.
No cambiaría por nada el contacto personal, pero dadas las circunstancias ser un “bicho social 2.0” tiene su encanto y yo disfruto con las palabras, con las personas y con cualquier medio que me permita estar en contacto con el otro. 

viernes, 28 de diciembre de 2012

Somos animales sociales

El ser humano es el animal más social de todos los animales. Dentro del reino animal, nacemos en el estado más inmaduro que cualquier otro animal. Lo que exige que necesitemos de los demás de modo absoluto. Necesitamos de los adultos, de los padres, y del entorno familiar que nos ayudarán a madurar y a sobrevivir. Y no sólo debemos madurar psicológicamente, sino también físicamente. 
El filósofo alemán Arnold Gehlen (1904-1976) meditó sobre esta “naturaleza precaria” del ser humano y señaló que, como nacemos poco dotados anatómicamente y fisiológicamente para ser autónomos, sustituimos nuestra falta de potencia o de agilidad por los recursos de nuestra inteligencia, que va madurando en sociedad, paso a paso.

Aristóteles (384-322 a.C.) ya subrayó el papel social del ser humano, su función social, junto a la función lingüística. Somos animales sociales, en tanto que nos agrupamos en familias, comunidades y Estados, y además somos seres que hablamos. Aristóteles compara al ser humano con las abejas, animales que forman colectivos en forma de colmena, sin que por ello seamos iguales.

Se puede decir de la abeja que es una "animal social", pero aquí el sentido de social no es el mismo que el del ser humano. La sociedad humana, como paradigma de lo propiamente social, se define por formar "culturas". Una cultura es un conjunto de elementos (básicamente: objetos, costumbres, reglas e ideas) creados por el hombre y que han de ser aprendidos. El ser humano no nace con ellos, no son instintivos. Un buen ejemplo de estos elementos es el lenguaje hablado y escrito, el lenguaje de símbolos, que es distinto a la comunicación de determinados gestos espontáneos (como un gesto de miedo, o de placer).
Las abejas, pueden ser llamadas "animales sociales", igual que otros animales, sin embargo, no tienen una cultura, actúan por conductas que se repiten siempre igual, de modo instintivo, desde millones de años. Por eso hay investigadores que los llaman sólo "animales gregarios o grupales", pero no estrictamente sociales. Realmente el apelativo social se aplica propiamente al hombre y después se usa de modo derivado para hablar de otros animales que viven formando grupos.
Se llama socialización, en el contexto de las sociedades humanas, al proceso por el que un individuo va adquiriendo destrezas y conocimientos que lo van integrando a los grupos más o menos amplios con los que se identificará en mayor o menor medida.

Esos grupos actúan como agentes de socialización, esto es, conjuntos estructurados que influyen activamente en nuestra formación social, identificándose cada grupo por un conjunto típico de elementos culturales. Unos grupos intervienen de un modo más cercano e íntimo (como la familia o los amigos), otros, de un modo, generalmente, más impersonal (como, por ejemplo. los medios de comunicación o las empresas culturales y de ocio).

En nuestra vida tenemos y vamos a tener contacto con grupos diversos. Experimentamos además la evolución de los grupos en los que estamos: cambios en nuestra familia, nuevos amigos, nuevas aficiones, nuevo centro escolar, etc. Ello conlleva una conducta más o menos flexible, que permita involucrarse en la socialización.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Hablar alemán, aunque sea mal

Sé por experiencia que el idioma es muy difícil y como cualquier otro que se quiera aprender tienen que confluir diversas motivaciones. Motivaciones por todo aquello que pueda salvar la dificultad de lo que se aprende y que mantenga el interés del estudiante. Hay clases que son masivas y otras con un número limitado de personas, pero tanto en una como en otra la importancia que le atribuyo al profesor es fundamental para mantener esa motivación y también el respeto. No es lo mismo la escuela, que la universidad o una escuela de idiomas, quizás (siempre desde mi punto de vista) porque en la primera la enseñanza es obligatoria, en la segunda es optativa y en la última totalmente voluntaria. En todas, la edad también es distinta. 

Pero a lo que voy es que he tenido la oportunidad de conocer a muchos profesores, unos que amaban lo que hacían, otros que sólo iban a cumplir su labor y otros que se amaban a sí mismos. Y son estos últimos los que más daño suelen hacer. Porque no sueltan la palabra, no dejan de hablar, no dejan de alardear de sus conocimientos del idioma y se pavonean delante de sus alumnos. Son clases tediosas e interminables, esas en que los minutos son eternos y la hora no pasa. 

Hablar en público en otro idioma aunque sea entre compañeros hace que de golpe la sangre se arremoline en las mejillas, el corazón se acelere y se nos trabe la lengua. Pero eso no es lo peor de todo, lo peor es hacer el esfuerzo de comunicarte, de intentar utilizar correctamente las palabras, las declinaciones y de traducir en tu cabeza una frase (todo al unísono) mientras te miran tus compañeros y cuando lo dices escuchas que el profe dice: “Cada día hablas peor”.
Os puedo asegurar que el silencio que se produce es abrumador, como abrumador es el sentimiento que una frase como esta puede provocar en un estudiante. 

Por ello, y para finalizar decir que en la medida que los profesores no den la palabra a sus alumnos es imposible comunicarse sólo con gramática y ese es un fallo que se ve muy a menudo, sea el idioma que sea.

Basado en el artículo del diario "El Pais" 

martes, 25 de diciembre de 2012

Nuestra Nochebuena.


La vida da tantas vueltas que a veces nos mareamos con ellas. Sin embargo, con el tiempo nos suele regalar momentos que nos sorprenden. 
Esta Navidad ha tenido el encanto de resarcirme de emociones que renuevan las energías del corazón.
En un primer momento pensé que iban a ser unas navidades muy aburridas, quizás porque he notado que nuestros mayores a medida que pasan los años se van quedando estancados y de pronto todo se maximiza por lo negativo, y repiten hasta la saciedad lo mismo o simplemente su memoria reciente no les permite almacenar la información y preguntan otro tanto de veces por lo que se les dijo un par de segundos atrás. Sin embargo, ¡qué equivocada estaba! 

Había olvidado que ellos tenían un pasado, una juventud vivida y que tenían historias que contar, muchas de ellas muy divertidas. 
Se juntaron dos del año 1932, uno de 1936 y otro 1942 aproximadamente. Tres mujeres y un hombre. 
Mientras nosotros cocinábamos ellos se pusieron a charlar y desde la cocina podíamos oír sus diálogos, sus recuerdos, sus risas. Que si Mar del Plata era por aquellos tiempos así, si mi marido aquí, que si mi perro, este tema duró largo y tendido saliendo a relucir todos los perrukitos que habían dejado recuerdos imborrables en sus memorias. Hoy Rocco y Nene llenan sus días respectivamente.

Que si yo conocí esto y el otro respondía, que yo también pero ya no existe más, referido a tiendas, supermercados, etc. ¿Vos te acordás de esto? Si... si ... estaba por la calle tal o cual. Con el mismo nombre hay en Mendoza uno, ¿vos te acordás? entre la calle y la calle. Y así discurrían sus diálogos. La política obviamente no podía quedar fuera, claro que pasamos desde el tiempo del ñaupa hasta hoy.
Cada uno se expresó sin ningún tipo de condicionamientos, todos se veían jóvenes y entre todos crearon un ambiente tan agradable que viéndolo desde fuera era como si hubiesen rejuvenecido y sus cuerpos, sus arrugas, el paso de la vida no fuera con ellos. Los hemos escuchado aportar sus opiniones, defender sus ideas, y sobre todo reír a carcajada limpia y nosotros también hemos reído con ellos entre los vapores de las cacerolas humeantes, a pesar de que a veces perdíamos el hilo de la conversación. 

La risa, el buen ambiente lo invadía todo y nosotros disfrutábamos de ello. Lo increíble es que no hubo en ningún momento mal rollo, fue como si el verdadero espíritu navideño se hubiese quedado en nuestro salón y nosotros inmersos en él. Ya en la mesa, servimos el menú de la noche, una entrada con lonchitas de jamón y pan; de primero: una sopa de calabaza; de segundo: solomillo de cerdo con salsa de champiñones y crema acompañado de papas hervidas, y de postre: ensalada de frutas. No hubo excesos, se hizo lo justo para no tener que estar comiendo restos toda la semana y los comensales saborearon cada plato, sin poder evitar preguntar por los ingredientes o la receta. Un tema archiconocido en nuestra familia y que nos viene de herencia como es la cocina no podía faltar. Tomamos vino blanco y brindamos. Brindamos por la vida, por la salud, por nosotros. Y la paz reinó en nuestra casa esta Nochebuena, una paz que se podía palpar en el ambiente y de la que todos disfrutamos.